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lunes, 19 de enero de 2009

"Tuvimos una conversación franca y clara"

http://diario.elmercurio.com/2009/01/18/reportajes/_portada/noticias/196595EB-9D13-405F-8994-C8FEACFC2FEA.htm?id={196595EB-9D13-405F-8994-C8FEACFC2FEA}

 

Comandante en jefe del Ejército, general Óscar Izurieta Ferrer,

"Tuvimos una conversación franca y clara"

 

 

Pamela Aravena y Juan Antonio Muñoz

 

(Fragmentos)

 

 

 

 

Si la Justicia estableciera que el ex Presidente Frei fue asesinado:

 

"Sería una situación muy negativa para el país; un acto absolutamente condenable"

 

-¿Se ha reunido usted con el ex Presidente Frei para hablar del supuesto asesinato de su padre?

 

-Cuando me recibí de comandante en jefe, él era presidente del Senado. Lo fui a saludar, y conversamos al respecto. Posteriormente, él vino junto a su abogado a conversar conmigo a la comandancia en jefe.

 

-¿Se puede saber lo que le dijo?

 

-En ambos casos la conversación fue la misma: pedir toda la cooperación. Y mi respuesta fue la misma: que no tuviera ninguna duda de que lo que tuviéramos, lo entregaríamos a los tribunales.

 

-¿Ya han entregado antecedentes?

 

-Una gran cantidad, dando respuesta a los requerimientos de los tribunales.

 

-¿Qué sucedería si se descubriera que el Presidente Frei Montalva fue asesinado por agentes de la DINE?

 

-En la eventualidad de que el tribunal competente llegara a determinar que en la muerte del Presidente Frei Montalva hubo intervención de terceros, quiero ser enfático en decir que sería una situación muy negativa para el país, un acto absolutamente condenable, totalmente repudiable, lamentable para Chile, y muy doloroso para su familia. Si en esa misma hipótesis, en la eventualidad de que el tribunal competente determinara que esas terceras personas tuvieron alguna relación o fueron miembros del Ejército, sería muy lamentable para la institución, y no tenga duda alguna de que el Ejército hará lo que se tiene que hacer en el momento oportuno.

 

-¿Usted se ha formado una convicción sobre el tema?

 

-Es que yo no puedo tener una convicción, porque no tengo acceso al proceso, y desconozco los detalles, más allá de conocer a veces las respuestas que se le dan al tribunal y que se canalizan a través del jefe del Estado Mayor del Ejército. Así que no tengo una convicción, y no podría tenerla.

 

-Y en cuanto al general Odlanier Mena, ¿hay una convicción en el Ejército respecto de lo que sucedió y de la culpabilidad que le cabe o no a él?

 

-En esto tengo que ser claro: la convicción personal tiene poca importancia. Como personas, no importa los errores o no errores que hayan cometido nuestros compañeros de armas; hay un sentido de apoyo en aquello que es debido y posible, y de apoyo a sus familias. Pero como institución de la República, en un Estado de Derecho, nosotros tenemos que atenernos a la verdad jurídica, y ésta la establecen los tribunales. Frente a eso, lo único que media es acatarla.

 

-¿Mena representa para el Ejército lo mismo que el general Manuel Contreras?

 

-Sería muy poco afortunado que un comandante en jefe hiciera diferencias al respecto.

 

-¿Odlanier Mena representa para el Ejército lo mismo que el general Manuel Contreras?

 

-Sería muy poco afortunado que un comandante en jefe hiciera diferencias al respecto.

 

...

 

Información de DD.DD.:

 

"¡De una vez por todas:

 

la información no está aquí!"

 

-Luego del tema de los falsos detenidos desaparecidos, la Asociación de Familiares teme que algunos pongan en duda la existencia de órganos represores durante el gobierno militar y de los detenidos desaparecidos. ¿Los pone usted en duda?

 

-Creo que es un tema muy político y que debe mantenerse en ese ámbito. En todo lo que se refiere a violaciones a los derechos humanos, la institución hace algún tiempo tomó la decisión de que los tribunales sean los únicos encargados de determinar las culpabilidades o no, si los hechos ocurrieron o no. Nuestra labor es cooperar en todos los requerimientos que nos hagan. Nada más.

 

-Los abogados de Derechos Humanos afirman que muchos de estos temas se habrían solucionado hace tiempo si las FF.AA. hubieran entregado toda la información.

 

-Las FF.AA. pueden entregar la información de que disponen; si es que hay más, es porque la tienen las personas. Quiero decir algunos detalles estadísticos: de todos los militares que existen hoy en el Ejército -20 mil entre oficiales y cuadro permanente, sin contar a los conscriptos- sólo seis estábamos en servicio activo el 11 de septiembre de 1973. El promedio de edad del Ejército es de alrededor de los 33 años. Es un Ejército muy joven. ¡De una vez por todas: la información no está aquí, por favor!

domingo, 18 de enero de 2009

Hoy Contreras encabeza el problema de los DDHH”


 

 


http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20090117/pags/20090117190711.html

 

Domingo 18 de enero de 2009

 

Por Jorge Escalante y Javier Rebolledo / La Nación Domingo

Carlos Herrera Jiménez, ejecutor de Tucapel Jiménez, rompe el silencio desde Punta Peuco

“Hoy Contreras encabeza el problema de los DDHH”

Es reconocido como un ícono de las violaciones de los derechos humanos, pero hoy afirma, que aunque aparecieran cien casos falsos, no es posible poner en duda lo ocurrido en dictadura. El ex agente de la CNI califica la fallida denuncia de Karla Rubilar como un problema “moral y ético” y revela que, en 1982, el presidente de la ANEF era sólo el cuarto nombre de una lista de dirigentes sindicales que la dictadura pretendió asesinar, encabezada por Rodolfo Seguel, Manuel Bustos y Hernol Flores.

 

El nombre de Carlos Herrera Jiménez entró para siempre en la historia de la dictadura. Aunque mató en Pisagua meses después del golpe militar, no fue un soldado operativo en el arresto, la tortura y el método del trozo de riel para arrojar cuerpos al mar, sino en el crimen político, selectivo y planificado de los últimos años de la tiranía. Jamás dudó en matar cuando le tocó obedecer. Sin chistar. Orgulloso de cumplir su misión por la patria y con la fe ciega en sus superiores. Su "medalla estrella" la obtuvo cuando en 1982 eliminó de tres disparos al sindicalista Tucapel Jiménez. Fue el crimen que lo catapultó a la fama. Hoy revela, por primera vez, que Tucapel era apenas el cuarto y último de una lista para morir que encabezó entonces el sindicalista del cobre Rodolfo Seguel y, tras él, los dirigentes Manuel Bustos y Hernol Flores.

Integró el Batallón de Inteligencia del Ejército y luego, en 1983, se hizo cargo de la CNI en la Región de Valparaíso. Fue en esa destinación que, junto a Álvaro Corbalán, integró el cuarteto que ultimó al carpintero Juan Alegría Mundaca.

Después de 20 años de presidio, Carlos Herrera, con 57 años y el pelo cano, usa una colita que, al interior del penal Punta Peuco, lo diferencia de otros, como Raúl Iturriaga Neumann o el mismo ex jefe de la CNI, general Hugo Salas. Ellos todavía mantienen la formalidad marcial. Su visión de la vida, lo aleja hoy de aquel obediente soldado.

-¿Qué opina de la reciente gestión de la diputada RN Karla Rubilar, que entregó antecedentes erróneos respecto de presuntos falsos detenidos desaparecidos?

-Lo que Karla Rubilar hizo es monstruoso. Fuera de su desconocimiento, ella tiene un problema moral y ético. Encontrar cuatro o cinco personas que se pasaron de listos no cambia en absoluto el fondo, que en Chile hay desaparecidos. Incluso si aparecieran diez o cien, eso sólo cambia la magnitud. Aunque hubiera sólo un detenido desaparecido el problema sigue igual.

-¿Cree que hoy los detenidos desaparecidos y ejecutados políticos son una realidad en Chile?

-Sí, efectivamente, eso no se puede desconocer. Creo que ese es el eje del conflicto de las violaciones de los derechos humanos. Me parece inconcebible que haya detenidos desaparecidos.

-¿Qué efecto cree que tuvo este conflicto sobre la dictadura?

-La existencia de los detenidos desaparecidos deslegitimó todo el trabajo bueno que hicimos en los servicios de seguridad y que llevó a cabo el régimen militar.

-Después del sufrimiento de tantos años y sumados los acontecimientos recientes, ¿qué le diría hoy a los familiares de las víctimas?

-Es difícil la pregunta. Me parece que, con todo lo que se ha sabido hasta ahora, pedir perdón es algo sobrepasado por los acontecimientos. El perdón es un proceso que corre por parte de los afectados. Y yo personalmente no hice desaparecer a nadie, por lo tanto no puedo pedir perdón por algo que no hice.

-Pero entonces, ¿siente algún tipo de empatía por familiares de asesinados o ejecutados políticos?

-Sí. A mí se me murió un hijo en 1978. Sufrí bastante, pero creo que de alguna forma ya se cerró la herida, aunque la cicatriz queda. El está enterrado y sé dónde está. No viví la desaparición de un ser querido.

-Y a los familiares de los ejecutados políticos, ¿les pediría perdón?

-Yo ya pedí perdón a los familiares de mis víctimas, entre ellos Tucapel Jiménez.

-¿Usted fue el primero en pedir perdón a sus víctimas?

-Sí, me parece que fui el primero.

-Conoció bien a Manuel Contreras, ¿qué opinión tiene de él?

-Yo conviví con él tres años y nueve meses en Punta Peuco. Creo que es alguien muy inteligente. Lamentablemente me parece que quedó pegado en el pasado. Él sigue en la pelea de 1973, no ha evolucionado. Y eso daña a quienes fueron sus subalternos.

-¿En qué sentido los daña?

-Hoy Contreras es quien encabeza el problema de los derechos humanos. Pero su dimensión no es igual a la de un suboficial como, por ejemplo, Basclay Zapata. Pero la sociedad en su conjunto, y la prensa en particular, pone a ambos en la misma dimensión, cuando hay una diferencia tremenda. Y Manuel Contreras no ha hecho nada para hacer esa diferencia. ¿Por qué él permite que sus subalternos sigan puestos a su mismo nivel?

-Contreras incluso sigue negando la existencia de detenidos desaparecidos.

-Por eso digo que está pegado en el pasado.

-¿Cuándo y por qué se decidió a confesar los crímenes en que participó durante la dictadura?

-Fue precisamente durante la convivencia con Contreras. Sobre todo porque no hizo nada por poner las cosas en su justo nivel. Creo que sería muy varonil y honroso que se hiciera cargo de las órdenes que dio.

-¿Cree que Contreras ha sido cobarde?

-Pienso que la sociedad chilena en su conjunto es un poco cobarde. Estamos en un país del "yo no fui".

-¿Hubo otros motivos para que confesara sus crímenes?

-Yo tengo cuatro hijos, incluido uno de veintidós años, que es la edad en que a mí me tocó vivir todas estas cosas. De verdad no quisiera que ellos vivieran lo que yo viví, ni tampoco que fueran víctimas como lo fueron otros jóvenes durante la dictadura. Mi hijo menor esconde lo que ocurrió a su padre y eso es duro. Cuando caí detenido él era una guagua de brazos, entonces él prácticamente ha vivido toda su vida sin padre. No me conoce de otra manera si no es preso.

-¿Se refiere a que existe un costo familiar?

-Sí. Además de cuatro hijos, tengo cuatro nietos y ellos humanizan más que los propios hijos.

El orgullo perdido

-Usted dijo que cuando mató a Tucapel Jiménez sintió orgullo debido a que creía fervientemente en lo que hacía. ¿Cuáles eran sus ideales?

-A mí se me pintó que Jiménez estaba traicionando a la patria. Me bastó sólo eso para pensar que su muerte, siendo ilegítima desde el origen por el hecho de matar, se legitimaba por sí sola por el objetivo final, aunque suene maquiavélico.

-Pero en qué se basó el orgullo que sintió al matarlo.

-En los jóvenes de esa época, y particularmente en mí, había un patrioterismo que caía en el chovinismo. Todo lo que se hiciera en beneficio de la patria se legitimaba por sí mismo. Jiménez era parte de ese patrioterismo. Pero voy a contar que él originalmente era el cuarto de una lista de probables asesinados. El primero era Rodolfo Seguel (a 1982, importante dirigente sindical cuprero y diputado 2002-2006), el segundo era Manuel Bustos (a la fecha presidente de la Coordinadora Nacional Sindical) y el tercero, Hernol Flores (dirigente de Correos de Chile). Matar a cualquiera de ellos fue evaluado como un grave problema político. A Tucapel se le eligió por descarte. Debido a que quienes dirigieron esto "se les hizo el potito". A mí me impactó mucho saber esto con posterioridad.

-¿Qué justificó para usted el crimen del carpintero Alegría, realizado para inculparlo de haber matado a Tucapel Jiménez?

-Fue una consecuencia del primer crimen. Con el pasar de los años te das cuenta que si ya fue torpe matar a Jiménez, eliminar a Alegría lo fue mucho más.

-¿Cree que cuando alguien mata está haciendo un mal?

-Yo creo que es así y quien diga lo contrario está mintiendo. A uno en la familia desde chico le enseñan que matar es malo. Creo que se pueden analizar las motivaciones, pero quien mató sabe lo que hizo.

-¿En algún momento sintió que estábamos en guerra?

-Sinceramente sí. Después me impactó muy fuerte darme cuenta de que no era sí.

-¿Cuáles son los ideales o paradigmas que entonces tenía y que hoy ya no tiene?

-Yo salí de la Escuela Militar en 1970. Y, aunque había cosas del Gobierno de Allende que encontraba notables, como el medio litro de leche para los niños, no estaba de acuerdo con el fondo de su proyecto. Pero de alguna manera éramos una juventud mucho más ideologizada que la actual. De 13 ó 14 años ya estabas participando en algo, en uno de los dos bandos, algo bastante maniqueo que no consideraba los matices.

Juicio a la dictadura

-¿Cuándo y por qué se le comienza a quebrar la imagen de Augusto Pinochet?

-Pinochet me desilusionó cuando en un discurso dijo "este no es un gobierno fascista". Entonces yo dije, cómo que no somos fascistas si estamos rodeados de militantes de Patria y Libertad. Y, además, éramos muy amigos de ellos. Eso me produjo muchos problemas. Siempre noté que Pinochet fue inconsecuente. Primero dijo que éramos antimarxistas y no sabíamos lo que era el marxismo; luego nacionalistas sin jamás leer a Primo de Rivera. Yo pensaba que el nacionalismo era bailar cueca, escuchar a Los Huasos Quincheros, comer empanadas y ver la Parada Militar. En un camino zigzagueante, después nos dijo que éramos gremialistas.

-¿Rescata algo del régimen militar?

-Sí, yo separo a Pinochet del régimen. La reorganización de la administración pública, el desarrollo de exportaciones no tradicionales, la reactivación de la Región de Tarapacá y la creación de la Zona Franca, son obras que han perdurado. Creo también que el salto en la economía fue una obra del régimen militar que lamentablemente se ve empañada por la violación de los derechos humanos.

-¿Y qué piensa del sistema neoliberal y de la economía de mercado?

-Ahí entro en un problema y déjenme volver un poco al pasado. Cuando asumió Allende prometió igualdad, y lo mismo sucedió con Pinochet donde todos íbamos a tener acceso a la educación. Pero en definitiva, pasados los años, resultó que esta sociedad nueva construida por los militares dejó afuera a los mismos que la hicimos. Por ejemplo, con cuatro hijos, no podía pagar las universidades. Hoy no hay igualdad de oportunidades para todos y yo me embarqué en este proyecto para lograr esa igualdad.

-¿Cree que el sistema hizo de Chile un país más clasista?

-Sí, y un ejemplo de ello es la reacción a la muerte de las estudiantes del Colegio Cumbres, que es lamentable por sí mismo. Al poco rato la Presidenta puso a disposición de los padres el avión presidencial, pero ¿cuántos accidentes hay todos los días de chilenos menos iguales que otros a los que nadie les pone un avión?

-¿Cree que todo lo bueno que hubo en el régimen militar hubiese sido posible bajo un gobierno democrático?

-Sí, pero con un proceso bastante más lento. En dictadura todo es más rápido, aunque el costo es alto.

-Entonces, ¿reconoce que vivimos una dictadura?

-Fue una dictadura. De viejo he aprendido a hablar sin eufemismos. Si un gobernante no es elegido por el voto popular, es un dictador. Cuando preguntan si fue pronunciamiento o golpe militar, es obvio que fue un golpe, el resto es un adorno.

El abandono

-¿En qué medida se sintió utilizado por el sistema? ¿Cuándo y cómo empezó a darse cuenta de ello?

-Después de viejo. En el momento yo sentí que lo hacía muy bien. A mí me viene muy bien el aforismo "dile al tonto que es bueno pal’ hacha, y el tonto tala el bosque". En 1991 yo me desligué de la institución al pedir mi baja. Empecé a conocer otra vida y personas. En el Ejército uno vive como en un ghetto, igual que la gente de la UDI o la DC que se casan entre ellos. Nosotros también nos casamos con las hijas de otros militares. Cuando yo estudié en el Ejército las calificaciones estaban orientadas a qué tan buen cumplidor de órdenes eras. Como yo siempre fui bien calificado, me sentí un buen soldado, sin pensar las consecuencias que eso me iba a traer.

-¿Cómo entiende las dos etapas en que se hizo desaparecer prisioneros: la de la DINA y la posterior de la CNI llamada "Operación Retiro de Televisores"?

-A muchos como yo nos dijeron que estábamos en guerra y lo creímos. Desde la lógica de la guerra de esos primeros años, con algún esfuerzo, podría entender esas muertes. Pero cuando en 1978 y 1979 se hizo el desentierro de cuerpos bajo el mando del director de la CNI, general Odlanier Mena, es algo que no comparto. Ahí ya existe la manifiesta intención de ocultar un delito consciente de haberlo cometido. Y creo que el general Mena debe responder por eso.

-¿Qué sintió cuando supo que la dictadura había sido derrotada en las urnas?

-Varias cosas. Desde el punto de vista judicial estaba clarito lo que iba a venir, aunque nunca me imaginé que sería tan duro. Pero más que eso pensé que los mandos, que habían sido bastante severos y autocráticos, entre ellos Sergio Arellano Stark, Humberto Gordon, Carlos Forestier y el mismo Pinochet, se iban a hacer cargo de las órdenes que dieron. Algo que nunca ocurrió. Pero yo estaba desilusionado de Pinochet hacía rato. Aunque recalco nuevamente que, para mí, él no es el gobierno militar.

-¿Se imaginó que los mandos superiores no iban a asumir su responsabilidad?

-Nunca. Fue una decepción muy grande y todavía la tengo. Me dolió mucho. Me cuesta mucho hoy mirarlos a la cara y tratarlos por el grado y de "mi general".

-¿Qué efecto tuvo que los mandos no asumieran las órdenes que dieron?

-Que la justicia inicialmente empezara a escarbar por abajo. Entonces caímos presos primero los subalternos.

-¿Voto Sí o No en 1988?

-Con el alma en el No, voté que Sí.

-¿Por qué?

-Porque era un soldado disciplinado.

La falsa reconciliación

-Viéndose en el tiempo, ¿cree que es válido matar por la patria?

-Como ya dije, inicialmente sentí mucho orgullo. Pero después me atacaron el peso de la conciencia, los hijos cuando crecieron, y conocer a mis nietos. Ahora creo que todo eso fue monstruoso.

-¿Qué le parecen algunos de los gestos de reconciliación que han habido?

-Hace algunos años el entonces comandante en jefe Juan Emilio Cheyre hizo una misa reparatoria en la memoria del general Carlos Prats, lo cual me pareció fantástico. Pero encontré de pésimo gusto ver, en primera fila y al borde de las lágrimas, a los mismos generales que nos dijeron que Prats era un traidor.

-¿Como quiénes?

-Por ejemplo, el general César Benavides. Actitudes de ese tipo son las que me provocan el desconcierto. Por años pensé que Prats era un traidor. Igualmente me pareció poco decente ver en las páginas sociales de "El Mercurio", en un cóctel del mundo universitario, juntos al general Guillermo Garín y al dirigente del MIR, Pascal Allende. Eso me parece muy poco decente. Ninguno de los dos debiera haber estado.

-¿Eso no tiene que ver con una eventual reconciliación?

-¿Se van a reconciliar las cúpulas? ¿Y qué pasa con los de abajo que ellos mismos mandaron a la muerte? Tiene que haber respeto por los caídos de uno y otro lado. Ahora, poniéndome en el lugar del MIR, sus muertos ese día se estarían revolcando en la tumba. Si eso es reconciliación, no entiendo nada.

El lento camino al cielo

-Aparte del costo judicial y el escarnio público. ¿Existe un costo familiar?

-El familiar fue el costo más alto, porque no sólo mentí judicialmente sino también a mi familia. Nunca conté que había cometido tal o cual homicidio. Pero mis hijos fueron creciendo y en un momento, en el 2000, les tuve que contar. Y contarle a mi esposa creo que fue más difícil que cuando hablé con el ministro Sergio Muñoz (que investigó el crimen de Tucapel Jiménez). No sabía por dónde empezar y justificar lo injustificable. Creo que lo más difícil fue con mi hijo más chico, ya que los otros sospechaban en lo que yo trabajaba. Él cuestiona mis acciones del pasado y eso evidentemente produce dolor.

-¿De qué se arrepiente?

-Dejando de lado las violaciones de los derechos humanos de las que ya me arrepentí y pedí perdón, me arrepiento de no haber estudiado Leyes. Estando en la CNI fui aceptado como alumno en la Universidad Católica de Valparaíso, pero el general Gordon me dijo "¿Usted está loco?". Acá en la cárcel me habría gustado estudiar Filosofía, pero tampoco he podido. Cuando uno está viejo y hace la lista, son más los arrepentimientos que los aciertos.

-¿De qué no se arrepiente?

-De mi familia. Y de haber estado presente en los acontecimientos más importantes del siglo XX, a pesar de que muchos de ellos fueron deleznables. Desde el punto de vista histórico, puedo decir "yo estuve ahí". Es un contrasentido, pude haber tenido una vida más simple y haber conocido más cosas, pero también ¡qué lindo es tener la culpa de lo que ha pasado! Esto sirve para saber qué es verdad y qué es mentira. ¿Para qué sirve todo esto? No tengo idea.

-¿Es religioso?

-En el plano religioso, soy católico, y tuve que pasar un largo periplo antes de volver a comulgar. No fue fácil, porque resulta ilógico que un católico practicante y observante, como es mi caso, haya hecho lo que hizo. Todavía me lo cuestiono desde el punto de vista espiritual, ya que conozco bastante de la Biblia. Yo sabía que mi religión prohíbe hacer lo que yo hice.

-¿Reza usted?

-Sí.

-¿Cree que se irá al cielo?

-Sí, sí. Cuánto me voy a demorar en llegar, es algo que no sé. Aunque creo que me voy a demorar bastante.

-¿Por qué?

-Por el purgatorio, pues.

 

PISAGUA

-Usted estuvo en Pisagua a fines de 1973. ¿Mató al prisionero Nelson Márquez?

-Sí, yo lo maté.

-¿Quién le dio la orden?

 

-Me la dio el capitán Jaime Krauss Rusque y yo la cumplí. Él después fue edecán de la Cámara de Diputados.

-Pero usted está preso y Krauss está libre.

-Porque la justicia chilena aceptó como válido que él se encontraba en tareas administrativas contando remedios en una farmacia. Aunque la farmacia era muy chica, se demoró un mes en contar los remedios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA ANSIADA LIBERTAD

-¿Cuándo debería salir libre?

-Yo tengo una condena a cadena perpetua unificada por las muertes del carpintero Alegría y Tucapel Jiménez, que suman 20 años de presidio. Ese tiempo se cumplió el 21 de junio de 2008. Caí preso en 1992, pero tenía tres años y siete meses acumulados de una condena previa por el caso del transportista de La Serena, Mario Fernández. Entonces, lo que sostengo es que, si la legislación penal permite la acumulación de las penas, yo ya cumplí la mía. Si el Estado, con toda justicia, fue tan ágil para juzgarme y condenarme, hoy con esa misma agilidad debe dejarme en libertad. También hay que respetar los derechos humanos de quienes los violamos. De lo contrario, se transforma en una venganza.

-A usted recientemente la justicia le denegó un recurso de amparo, por un error en la forma…

-Exactamente. A diferencia de la medicina, donde prima la urgencia por salvar a un paciente independientemente de cualquier formalidad, en la justicia no sucede. ¿Qué hubiera pasado si los recursos de amparo en Chile se hubieran acogido adecuadamente? Se habrían salvado muchas vidas.

-Si ya le pidió el indulto al ex Presidente Ricardo Lagos y le fue negado, ¿por qué no se lo solicita a la Presidenta Michelle Bachelet?

-No, y no es por soberbia, sino porque yo ya cumplí mi pena.

 

 

-¿Qué quiere hacer si algún día sale en libertad?

-Vaya paradoja, yo me acostumbré a estar encerrado y quiero ir a encerrarme a mi casa. No tengo ganas de reintegrarme en actividades de tipo social. Ni siquiera quiero ir al estadio, que antes me gustaba.

-¿De qué equipo es hincha?

-¡De San Luis de Quillota, pues hombre! Pero lo que en verdad hoy me interesa es vivir con mi señora en una parcela que tengo. Recomenzar nuestro pololeo. Lamentablemente mis hijos ya no van a estar conmigo en la casa, lo cual me va a costar mucho superar. Hace un par de años tuve el síndrome del nido vacío, que normalmente les da a las mamás.

-¿Quisiera aislarse del mundo?

-No del todo, quiero hacer una radio comunal, porque considero que Chile es un país muy injusto. Soy radioaficionado y tengo los equipos necesarios. Entre otras cosas, me gustaría hacer un programa dedicado a los presos. Pero esto lo voy a hacer desde mi casa.

 

REFLEXIONES

Al final de la entrevista, Carlos Herrera extrajo una carpeta y dijo que quería plantear algunos puntos.

“Existe una inequidad en las condenas cuando se aplican las mismas penas a los altos oficiales como Manuel Contreras y otros generales, y a los suboficiales como Basclay Zapata y otros”.

 

“La ley no es rígida, el derecho siempre se ha interpretado. La primera condena por homicidio calificado fue ejemplificadora y me la llevé yo: cadena perpetua. Hoy, el mismo tipo de delito se condena con pena remitida (cumplirla en libertad). Tengo claro que salí perjudicado por el momento histórico en que cometí el crimen”.

 

 

 

“Hay casos de oficiales y suboficiales que han hecho mucho daño, no han confesado nada, y cumplen una condena. Por el contrario, hay otros que confesaron todo lo poco que hicieron, y tienen la misma condena”.

martes, 6 de enero de 2009

Detenidos desaparecidos: el verdadero escándalo

http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2009/01/06/detenidos-desaparecidos-el-ver.asp

Vial, Gonzalo

Martes 06 de Enero de 2009

Detenidos desaparecidos: el verdadero escándalo

 

Los últimos días hemos vivido un formidable escándalo por el hecho de que cinco, seis u ocho supuestos «detenidos desaparecidos», oficialmente declarados tales, en realidad nunca tuvieron esa calidad. Gobierno, oposición, asociaciones de familiares, prensa, TV... todos denuncian lo sucedido, y piden se investigue a fondo y se castigue del modo más severo.

Esta postura unánime es, sin embargo, extraña. Pues nos hallamos ante un porcentaje ínfimo de los detenidos desaparecidos, y de abusos de dinero por montos muy menores... raterías circunstanciales.

Mientras tanto, seguimos impávidos ante el VERDADERO escándalo en materia de detenidos desaparecidos. A saber, que continúen sin ser ubicados los restos de muchos centenares de ellos. Aceptamos ya como «normal» esta vergüenza, relegándola al fondo de nuestra conciencia... paso previo a desvincularnos de su responsabilidad.

¿Por qué ha podido suceder una cosa así? ¿Por qué ha fracasado una búsqueda cuyo éxito interesaba e interesa tanto a todos los chilenos? ¿De quién es la culpa?

Desde luego —no sea que por sabido lo callemos, y por callado lo olvidemos— la culpa originaria, directa y peor es la de quienes mataron a las víctimas, las escondieron, y durante decenios han guardado cruel silencio sobre su paradero.

Pero —estos desalmados aparte— hay causas concomitantes que han cooperado al fracaso, y en las cuales, en mayor o menor medida, todos hemos tenido alguna cuota de responsabilidad.

1. La primera de estas causas es la politización partidista que ha sufrido el problema de los detenidos desaparecidos.

Imperceptiblemente, su búsqueda fue pasando a segundo plano, desplazada por el aprovechamiento de la tragedia en la farándula política... bandera para avanzar y ganar votos... o para que los pierda y retroceda el adversario.

De modo que hoy día tanto el concertacionismo como el aliancismo, aunque debido a motivos muy distintos, se muestran en general (según señalábamos) proclives a magnificar estos hechos nimios. Actitudes ambas, quizás, sólo a medias conscientes y deliberadas, pero no por ello menos claras y efectivas.

El concertacionismo quiere aislar aquellos engaños, separarlos (como es lógico) del conjunto de los detenidos desaparecidos, de modo que las irregularidades descubiertas no destiñan aquella bandera, menoscabando el tema en cuanto arma política y/o fuente de votos. Y el aliancismo procura el efecto contrario... que la credibilidad global del problema se vea afectada, disminuida. Ninguno de los bandos confesará su real objetivo, reconocerá que éste es político, electoral, más que humanitario. Quizás ni siquiera lo perciban plenamente. Pero es así: la politización ha hecho de la búsqueda eficaz de los restos, una finalidad secundaria.

Ello explica que el presidente del Partido Socialista acuse a la Alianza de tener ya una “segunda generación” empeñada en que no se resuelva el problema de los detenidos desaparecidos. ¿Y por qué no una «tercera generación», niños pinochetistas (!) corriendo por ahí, a los cuales culpar cuando se cumpla un siglo sin todavía ubicar los restos?

2. La segunda causa del fracaso es que se haya preferido vengar los crímenes, al hallazgo de los restos.

Me refiero a la venganza legal, ejercida por intermedio de los tribunales y respetando en consecuencia las formas del derecho.

Las asociaciones de familiares y los partidos de gobierno no han querido conceder ningún beneficio, ninguna rebaja de pena, a los involucrados en ocultamiento de restos que colaboren para ubicar éstos. Ni siquiera a aquellos que hubieren actuado cumpliendo sólo papeles subordinados y subalternos. Para todos, protagonistas o «extras» del drama, el rigor de la ley... Nadie o casi nadie, por supuesto, ha hablado. Puede haber sido su deber moral hacerlo, echarse la soga al cuello... pero no lo han hecho. ¿Era esperable otra cosa?

Los tres mandatarios concertacionistas anteriores a la actual buscaron este camino —mejor trato en materia de penas a los informantes— para que progresara la búsqueda de los detenidos desaparecidos. Pero los presidentes no pudieron manejar a sus partidos, ni éstos a las asociaciones, ni ellas a sus miembros (¿o al revés?), y las iniciativas no alcanzaron puerto.

Algo parecido sucedió en la Mesa del Diálogo (2000/2001). Se propuso una combinación de premios y castigos, que estimulara las confesiones. Mas tampoco tuvo acogida, prevaleciendo la idea del apego estricto a la ley.

Estimo que la «venganza legal» —por muy apasionados que sean los términos en que se formule— es explicable y moralmente sin reproche. Pero parece obvio que se hace fuego con la ubicación de los restos de los detenidos desaparecidos.

3. No obstante lo expuesto, la «venganza legal» exige —para tener una aceptación común, justificante— que sea simétrica, pareja... para ambos bandos, no para uno solo. ¿Es así hoy, en Chile? Hay ciertas dudas:

3.1.Un ministro en visita persigue a ex miembros de la CNI (me parece), por varios asesinatos cometidos en septiembre de 1986, como represalia por el frustrado magnicidio comunista de Pinochet el mismo mes y año.

Pero en dicho intento de magnicidio fueron asesinados cinco escoltas presidenciales. Acto de terrorismo; por ende —conforme a la Constitución— violatorio de los derechos humanos, y en ese carácter imprescriptible, según ha solido declarar la Corte Suprema. Mas ese homicidio múltiple no se persigue hoy criminalmente... sólo la represalia por él. Uno de los hechores principales ha sido objeto de un almuerzo de homenaje en el comedor oficial de la Cámara de Diputados, y después se le ha visto candidato comunista a la alcaldía de Puente Alto. ¿Ley pareja?

3.2. Los años 2004 y 2005, sendas leyes liberaron a numerosos condenados por terrorismo. Requisito: que hubieran cumplido diez años de cárcel. Incluyó el perdón a autores de crímenes sublevantes —v.gr., asesinato a mansalva de tres detectives que custodiaban la casa de un intendente democratacristiano— PERPETRADOS ENCONTRANDOSE YA EL PAIS EN DEMOCRACIA.

Los proyectos respectivos habían sido presentados por parlamentarios concertacionistas para (dijeron) “coadyuvar a la paz social”. Fueron ley gracias a un intenso lobby de la Iglesia Católica, y a los votos de la Alianza.

Simultáneamente, senadores aliancistas Y CONCERTACIONISTAS presentaban un proyecto con iguales beneficios para los autores de delitos contra los derechos humanos cometidos durante el régimen militar, que llevaran los mismos diez años de cárcel efectiva.

Esta vez no hubo lobby de la Iglesia. Y una mayoría concertacionista rechazó el proyecto. ¿Ley pareja?

3.3.Pero donde más flagrante resulta la asimetría —justicia A para los «buenos» y justicia B para los «malos»— es en los juicios de derechos humanos contra ex militares del régimen anterior.

Los tribunales inferiores han aplicado para condenarlos —y la Corte Suprema no ha tenido al respecto política ni criterio correctores, ni siquiera uniformadores— normas jurídicas QUE NO ESTAN ESCRITAS EN NINGUNA PARTE, Y CUYAS CONSECUENCIAS RESPECTO A TODO NUESTRO SISTEMA JURIDICO NADIE PARECE HABERSE DETENIDO A CONSIDERAR. Por ejemplo, sobre amnistía, prescripción, secuestro permanente, estado de guerra, verticalidad del mando, primacía del Derecho Internacional Público NO ESCRITO (jus cogendi) sobre la Constitución de Chile, etc. Los ex militares son así traídos y llevados por un derecho nuevo, no escrito sino consuetudinario (y no consuetudinario de Chile) y jurisprudencial, que sólo se les aplica a ellos... otra flagrante asimetría, que desacredita la «venganza legal». El más reciente ejemplo, la sentencia condenatoria del general Odlanier Mena, merece análisis aparte.