Mostrando entradas con la etiqueta Marcia Scantlebury. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marcia Scantlebury. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de enero de 2009

Memoria del pasado reciente

http://www.informarn.nl/americas/chile/act090123-chile-memoria

 

Memoria del pasado reciente

 

EDUARDO FERNÁNDEZ

23-01-2009

 

Este año está previsto que se inaugure en Chile el Museo de la Memoria en el que se dará cuenta de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar. Este proyecto, avalado por la presidente Michelle Bachelet genera, sin embargo, controversias.

 

Se compondrá de un espacio amplio con salas de exposiciones, conferencias, multicine documental y un archivo con documentos y objetos sobre la historia reciente de Chile, particularmente del período 1973 - 1990. El museo estará tendrá como finalidad resaltar los valores de los derechos humanos.

La idea de crear este espacio de reflección es de larga data. La presidenta Michelle Bachelet había anunciado su claro deseo de inaugurarlo a fines del 2009, al término de su mandato. Recordemos que a la par del anuncio se informó que la familia de Orlando Letelier había donado al Archivo Nacional documentos, fotografías y objetos del ex canciller asesinado en Washington, que irán a componer parte de los objetos de la exposición.

Para su construcción se han revisado otras experiencias internacionales, como las que dieron vida a los museos actuales sobre el Holocausto en Israel y Washington, y el de Rosario, en Argentina. "Queremos crear un espacio que sea lo más completo y moderno posible, con salas para exposiciones de arte, con estrenos de obras de teatro relacionadas con este tema, con proyección de documentales, con conferencias, archivos y una biblioteca", explicó a RNW María Luisa Sepúlveda, Directora de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Un equipo de arquitectos y obreros tienen como tarea hoy de levantar el museo. Para la jefa del proyecto, Marcia Canterbury, "donde hay un museo de la memoria, hay debate", dice en alusión a los detractores que han manifestado su opinión en contra: "fundamentalmente porque de todas formas es un tema sensible, porque la sociedad chilena ha estado dividida por muchos años, lo que es lógico suponer que hay gente a la que pueda reabrirles heridas. Lo que ocurrió en Chile, ocurrió y es así, pero la intención del museo es educar para que nunca más vuelva a ocurrir". El Museo de la Memoria apuesta a mostrar lo que se "invisibilizó" durante muchos años. "Las nuevas generaciones tienen el derecho de conocer lo que ocurrió antes que ellos nacieran", dijo Canterbury.

"Una visión sesgada de la historia"

Para Francisco Javier González, historiador de la Universidad de los Andes, "pareciera que este museo planteará una visión sesgada de la historia de Chile y no en su conjunto". González teme que este proyecto divida a los chilenos, "ya que a la historia no la podemos parcelar sin dar cuenta del contexto y de sus causas". Los hechos en su opinión tienen un origen: "La historia de cada hecho forma parte de un todo histórico, no nace y muere en determinada fecha, corresponde a todo un ciclo muy amplio".

El historiador de la Universidad Católica de Chile, Gonzalo Rojas Sánchez, va más lejos. Se pregunta si allí "estarán los sacos de armas que Fidel Castro envío a Chile en el período de la Unidad Popular (1970 - 1973), si se mostrará el armamento ingresado por el puerto de Carrizal Bajo y el estado de los autos de la comitiva de Pinochet tras el intento de asesinado". Y agrega: "Sin un directorio paritario, este museo quedará en manos revanchistas y sectarias, no será más que una exhibición de venganza y odio". En su opinión, este museo debería cambiar de nombre ya que la expresión "de la memoria" tiene un "sesgo" entre los historiadores. "Cuando se habla de un museo de la memoria los historiadores comprendemos que se va a partir de una selección, de una línea específica, lo que se llama sesgo en historia, es decir, mirar un acontecimiento de forma parcial".

Lorena Pizarro Sierra, Presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, opina que uno de los deberes de un estado es construir memoria histórica. "No puede el gobierno construir memoria con una tesis que se ha instalado desde el término de la dictadura y que consiste en buscar responsabilidades compartidas en lo que fue el genocidio y exterminio, lo que de alguna forma justifica la violación a los derechos humanos", dice Pizarro Sierra.

La Ministra de Cultura, Paulina Urrutia, salió a defender su construcción porque, ha dicho, "es un logro muy importante, porque va a significar documentar nuestra memoria tangible e intangible, queremos que genere una instancia de reflección sobre todo en los mas jóvenes".

lunes, 5 de enero de 2009

"Los torturadores nos ponían a Julio Iglesias"

 

 

http://www.elpais.com/articulo/ultima/torturadores/nos/ponian/Julio/Iglesias/elpepiult/20081218elpepiult_2/Tes

ENTREVISTA: ALMUERZO CON... MARCIA SCANTLEBURY

"Los torturadores nos ponían a Julio Iglesias"

 

TEREIXA CONSTENLA 18/12/2008

 

Una mujer con mil vidas debe tener al menos tres nombres. Marcia Scantlebury (La Serena, Chile, 1945) fue también Natacha y 400. Natacha combatió el pinochetismo. 400 lo sufrió en varios centros de tortura y detención.

Un día fueron a su casa, le cubrieron la cabeza y la llevaron a Villa Grimaldi, una fábrica de desaparecidos de la que pocos salían vivos. Marcia lo hizo dos veces. También sobrevivió Michelle Bachelet, la actual presidenta de Chile, que le ha encomendado que monte el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos para explicar el pasado a los del futuro y difundir valores cívicos.

-¿Nunca deseó vengarse?

-No estoy preparada ni para eso. Ni para perdonar. Tengo un odio abstracto hacia lo que pasó, pero no hacia una persona en particular. Los desprecio. No quisiera que me llenaran la cabeza ni el corazón.

Scantlebury participó en Salamanca en un encuentro sobre centros de memoria histórica, recién operada y con limitaciones dietéticas. "Es casi terrorismo que no me deje comer", le espetó a su médico. Obedeció, sin embargo. En El Bardo, un singular restaurante gestionado por una cooperativa desde que se fundó en 1980 en el casco histórico, comió unas porciones mínimas de pastel de verduras, aunque se rindió ante varias lonchas de jamón de Guijuelo, mientras resumía alguna de sus numerosas vidas (la pelea contra la dictadura, el periodismo, el exilio en Colombia, los años de Roma, la dirección general de Cultura, sus dos matrimonios con el mismo hombre).

Habla torrencialmente. Y salpica esa lluvia de chisporroteos. "Soy muy latinoamericana, soy de izquierdas pero colecciono medallitas, me peleé con Dios pero después dejé que exista no más. Los acuarios creemos en todo. Por si acaso". Con la astrología salta otra chispa: "El día que me hicieron la carta astral me di cuenta de que me había pasado la vida leyendo el horóscopo equivocado y calzando zapatos pequeños. Pero creía que la vida era así, que apretaba un poco". Literatura oral.

En Cuatro Álamos, uno de los centros donde permaneció detenida en 1975, leyó el nombre de Michelle Bachelet. Las presas de Pinochet dejaban huellas. Sus sucesoras las memorizaban, por eso Marcia Scantlebury recuerda a la actual presidenta. Las técnicas de resistencia de las detenidas fueron refinadas, a la altura del sadismo de sus captores. Parece una gracieta pero no lo es: las bombardeaban con Julio Iglesias y Nino Bravo para acallar los gritos del suplicio. Ellas contraatacaban: Palabras para Julia se convirtió en su himno. Se autoprohibieron la comunicación verbal con sus carceleros -delegaban el contacto en tres representantes-, colectivizaron la comida y los cigarrillos y socializaron el dolor. "El momento más completo de mi vida lo pasé ahí. Y el peor también. Tú eres una y eres otra después de la tortura".

Un día, le arrancaron la venda adhesiva de los ojos y protestó por temor a perder las pestañas. "Te van a matar y te preocupas por las pestañas", le espetó anonadada otra presa. Pues sí porque también era presa de la cotidianeidad del horror. Y porque Marcia Scantlebury no gasta nunca pólvora en gallinazos. "Concentro el estrés en las cosas inevitables, el resto dejo que fluya".

domingo, 4 de enero de 2009

La vida de las cloacas

http://www.elpais.com/articulo/cultura/vida/cloacas/elpepicul/20081130elpepicul_3/Tes

REPORTAJE

La vida de las cloacas

Centros de la recuperación de la memoria comparten claves sobre cómo levantar acta del pasado

TEREIXA CONSTENLA - Salamanca - 30/11/2008

 

 

Muchas dictaduras tienen un alma puntillosa. El régimen nazi encarnó la quintaesencia de esa obsesión notarial por documentar su plan de exterminio. En algunos campos de concentración, anotaron incluso la cantidad de piojos de cada preso. Se comprueba en el Servicio Internacional de Búsquedas, el gigantesco archivo que conserva nombres de 17,5 millones de víctimas del Estado nazi, entre ellas miles de rotspanier (españoles rojos).

Gracias a este afán por registrar su propio terror se puede profundizar en la historia de la II Guerra Mundial. "Ante la ultraderecha que niega el Holocausto basta el índice con el nombre de 17,5 millones de personas", contrapone Reto Meister, director de este servicio, creado al finalizar el conflicto y financiado por el Gobierno alemán. Desde entonces, ha servido para aportar pruebas contra criminales, para que las víctimas recibiesen compensaciones y para que familias dispersas se reencontraran. También para quitar antifaces como el de Ivan Demjanjuk, el diligente exterminador de un campo que falseó su biografía para lograr el estatus de refugiado en Estados Unidos. Pero el archivo ha cometido un error. "Ha sido irresponsable haberlo tenido cerrado porque no ayuda a construir la verdad", reprueba Meister. Hasta 2007 sólo víctimas y allegados podían acceder a los documentos. El hermetismo se escudaba en la protección de derechos individuales. "La fórmula que hemos encontrado para solventarlo es transferir la protección de los datos al investigador", expone el director del centro.

Buscar en las telarañas del pasado es inevitable en países donde la realidad discurría distorsionada por dictaduras. Un fenómeno que se constata en el I Encuentro Internacional de Centros de la Memoria Histórica, que se celebra en Salamanca por iniciativa del Ministerio de Cultura. El Museo de la Resistencia Dominicana, creado hace un año por el Gobierno, aspira a desmontar mitos de la era trujillista. "Decían que se podía dormir con la puerta abierta, pero callaban que podía ir la policía a secuestrarte. Decían que todos los campesinos llevaban zapatos, pero callaban que tenían que comprarlos porque el dueño de la fábrica era Trujillo", relató con sorna Luisa de Peña. Al final, la profecía de Minerva Miraball, una de las resistentes, asesinada junto a sus hermanas, tendrá visos reales: "Si me matan... yo sacaré mi brazo de la tumba y seré más fuerte".

América Latina, amordazada bajo numerosas dictaduras en el siglo XX, vive ahora una eclosión de iniciativas de recuperación del pasado y homenaje a sus víctimas. Con más o menos oposición de quienes se sienten señalados en el ajuste de cuentas. "En la sociedad dominicana hay muchas heridas abiertas y una resistencia soterrada al museo de la extrema derecha", explicó Luisa de Peña. Por decreto oficial, el museo será una visita obligatoria para estudiantes de secundaria y cadetes de la policía y las Fuerzas Armadas, quienes conocerán dos periodos tenebrosos: las dictaduras de Truji-llo (1930-1961) y Balaguer (1961- 1964 y 1966-1978).

En lo referente a la memoria histórica, la sociedad civil suele ir por delante de los poderes públicos. Argentina, cuyos gobernantes democráticos dieron pasos adelante y atrás en la reparación del pasado, es el caso más paradigmático. Grupos de derechos humanos exigieron la verdad, rescataron documentación y custodian las huellas de la represión. Cinco de ellos han creado Memoria Abierta, un archivo de la última dictadura (1976- 1983) para "prevenir toda forma de autoritarismo", según Patricia Tappatá de Valdez.

En Chile, han optado por la discreción mientras ultiman el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, consagrado a los años de Pinochet (1973- 1990). "Chile tiene terror al debate, este museo tiene muchos riesgos porque hay tantas memorias como personas. Hay gente que nunca irá y gente a la que le gustaría encontrarse a Pinochet colgado en la puerta, pero queremos que no cuente lo ocurrido de manera agresiva y que atraiga gente", señaló Marcia Scantlebury, directora del equipo que lo impulsa y asesora de la presidenta Michele Bachelet.

Parece la iniciativa más ambiciosa de las descritas ayer, a lo que no será ajeno algo inusual: la propia presidenta Bachelet fue torturada durante la dictadura. Irá ubicado en una céntrica plaza de Santiago por la que pasan a diario 6.000 personas, será financiado por el Gobierno y ha implicado a organizaciones de derechos humanos. "Lo ocurrido debe ser recordado y narrado", defendió Marcia Scantlebury sin que en la voz se le colase una pizca de emoción o amargura. A pesar de que estaría justificado: fue secuestrada en su domicilio y trasladada a Villa Grimaldi, el centro de torturas más famoso de Chile. "Después de 23 días, cuando abandoné la villa, yo era otra persona". Scantlebury cree que lo escrito por García Márquez para las personas es válido para los países: "La vida no es lo que uno vivió, sino lo que recuerda y cómo lo recuerda".

Tal vez el país que mejor ajustó cuentas con lo vivido fue Portugal. La revolución de los claveles que tumbó la dictadura (1926-1974) abrió ventanas, levantó alfombras, expulsó a funcionarios manchados, renovó policías, juzgó a los represores que no huyeron (pocos) y rindió honores a las víctimas. En 1978, el Consejo de Ministros ordenó publicar el Libro Negro sobre el régimen fascista. Las fichas de presos políticos ocuparon seis volúmenes. Si alguien quiere averiguar lo que la policía de Salazar sabía de él, sólo tiene que acudir al Archivo Histórico Nacional, donde se custodian los legajos. Hay muchas posibilidades de que encuentre su nombre. Silvestre Lacerda, director general de Archivos, cuenta aún asombrado: "Había seis millones de fichas policiales. Y Portugal tenía una población de 10 millones".